Misterios Dolorosos

1- La Oración de Jesús en el Huerto

primer misterio doloroso

Llegaron a una propiedad llamada Getsemaní, y Jesús dijo a sus discípulos: 'quédense aquí, mientras yo voy a orar'. Después llevó con Él a Pedro, Santiago y Juan, y comenzó a sentir temor y angustiarse.

Entonces les dijo: 'mi alma siente una tristeza de muerte. Quédense aquí velando'. Y adelantándose un poco, se postró en tierra y rogaba que, de ser posible, no tuviera que pasar por esa hora. Y decía: 'Abba (Padre) todo te es posible, aleja de mí este cáliz, pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya'.

Después volvió y encontró a sus discípulos dormidos. Y Jesús dijo a Pedro: 'Simón ¿duermes? ¿no has podido quedarte despierto ni siquiera una hora? Permanezcan despiertos y oren para no caer en la tentación, porque el espíritu está dispuesto, pero la carne es débil'. Luego se alejó nuevamente y oró, repitiendo las mismas palabras.

Al regresar, los encontró otra vez dormidos, porque sus ojos se cerraban de sueño, y no sabían que responderle. Volvió por tercera vez y les dijo: 'ahora pueden dormir y descansar. Esto se acabó. Ha llegado la hora en que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levántense! ¡Vamos! Ya se acerca el que me va a entregar.'




2- La Flagelación de Jesús

segundo misterio doloroso

En cuanto amaneció, los sumos sacerdotes se reunieron en Consejo con los ancianos, los escribas y todo el Sanedrín. Y después de atar a Jesús, lo llevaron y lo entregaron a Pilato.

Este lo interrogó: '¿Tú eres el rey de los judíos?' Jesús le contestó: 'Tú lo dices'. Los sumos sacerdotes multiplicaban las acusaciones contra Él. Pilato lo interrogó nuevamente: '¿No respondes nada? ¡Mira de todo lo que te acusan!' Pero Jesús ya no respondió a nada más, y esto dejó muy admirado a Pilato.

En cada fiesta, Pilato ponía en libertad a un preso, a elección del pueblo. Había en la carcel uno llamado Barrabás, arrestado con otros revoltosos que habían cometido un homicidio durante la sedición. La multitud subió y comenzó a pedir el indulto acostumbrado.

Pilato les dijo: '¿Quieren que les ponga en libertad al rey de los judíos?'. Él sabía, en efecto, que los sumos sacerdotes lo habían entregado por envidia. Pero los sumos sacerdotes incitaron a la multitud a pedir la libertad de Barrabás.

Pilato continuó diciendo: '¿Qué debo hacer entonces, con el que ustedes llaman rey de los judíos?'. Ellos gritaron de nuevo: '¡Crucifícalo!'. Pilato les dijo: '¿Qué mal ha hecho?'. Pero ellos gritaban cada vez más fuerte: '¡Crucifícalo!'.

Pilato, para contentar a la multitud, les puso en libertad a Barrabás; y a Jesús, después de haberlo hecho azotar, lo entregó para que fuera crucificado.




3- La Coronación de espinas

tercer misterio doloroso

Los soldados lo llevaron dentro del palacio, al pretorio, y convocaron a toda la guardia. Lo vistieron con un manto púrpura, hicieron una corona de espinas y se la colocaron.

Y comenzaron a saludarlo: 'Salud, rey de los judíos'. Y le golpeaban la cabeza con una caña, le escupían y, doblando la rodilla, le rendían homenaje. Después de haberse burlado de Él, le quitaron el manto púrpura y le pusieron de nuevo sus vestiduras. Luego lo hicieron salir para crucificarlo.




4- El camino al monte Calvario

cuarto misterio doloroso

Cuando lo llevaban detuvieron a un tal Simón de Cirene, que volvía del campo, y lo cargaron con la cruz, para que la llevara detrás de Jesús. Lo seguían muchos del pueblo y un buen número de mujeres, que se golpeaban el pecho y se lamentaban por él.

Pero Jesús, volviéndose hacia ellas, les dijo: '¡Hijas de Jerusalén! No lloren por mí; lloren más bien por ustedes y por sus hijos. Porque se acerca el tiempo en que se dirá ¡Felices las estériles, felices los senos que no concibieron y los pechos que no amamantaron!, y a los cerros ¡Sepúltennos! Porque si así tratan a la leña verde ¿Qué será de la leña seca?'

Con Él llevaban también a otros dos malhechores, para ser ejecutados.




5- La crucifixión y muerte de Jesús

quinto misterio doloroso

Le ofrecieron vino mezclado con mirra, pero él no lo tomó. Después lo crucificaron. Los soldados se repartieron sus vestiduras, sorteándolas para ver qué le tocaba a cada uno. Ya mediaba la mañana cuando lo crucificaron.

La inscripción que indicaba la causa de su condena decía: 'El rey de los judíos'. Con él crucificaron a dos ladrones, uno a su derecha y otro a su izquierda.

Los que pasaban lo insultaban, movían la cabeza y decían: '¡Eh, tú, que destruyes el Templo y en tres días lo vuelves a edificar, sálvate a ti mismo y baja de la cruz!'.

De la misma manera, los sumos sacerdotes y los escribas se burlaban y decían entre sí: '¡Ha salvado a otros y no puede salvarse a sí mismo!. Es el Mesías, el rey de Israel ¡Que baje ahora de la cruz, para que veamos y creamos!'. También lo insultaban los que habían sido crucificados con él.

Al mediodía, se oscureció toda la tierra hasta las tres de la tarde; y a esa hora, Jesús exclamó en alta voz: 'Eloi, Eloi, lamá sabactani', que significa 'Dios mío, Dios mío ¿por qué me has abandonado?'. Algunos de los que se encontraban allí, al oírlo, dijeron: 'está llamando a Elías'.

Uno corrió a mojar una esponja en vinagre y, poniéndola en la punta de una caña, le dió de beber diciendo: 'vamos a ver si Elías viene a bajarlo'. Entonces Jesús dando un gran grito, expiró. El velo del Templo se rasgó en dos, de arriba abajo.

Al verlo expirar así, el centurión que estaba frente a él, exclamó: 'Verdaderamente, este hombre era Hijo de Dios'.